SACRAMENTOS DE INICIACIÓN

1. EL BAUTISMO
Cuando nacemos, lo hacemos con el primero de los pecados. Se llama pecado original, y fue el que cometieron nuestros primeros padres Adán y Eva. Al bautizarnos nos limpiamos de ese pecado, nos hacemos hijos de Dios y pasamos a formar parte de la Iglesia. Dios se pone muy contento cuando el sacerdote, al derramar agua bendita sobre el bautizado, dice: «Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

2. LA CONFIRMACIÓN

Es tan sencillo como que Dios (su Espíritu Santo), por medio de su gracia, nos aumenta la fe para que tengamos la seguridad de que Él está con nosotros hasta que lleguemos al Cielo, para lo que también nos da esperanza. Finalmente, nos aumenta la caridad para que le amemos más a Él y a los que nos rodean. En este caso, tiene que ser un obispo el que imponga sus manos sobre el confirmante y nos unja con aceite (el Santo Crisma), mientras dice: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo».

3. Eucaristía

Todos los días Jesús convierte el pan y vino en su Cuerpo y su Sangre en la santa Misa. Esto ocurre en un momento llamado consagración. De este modo podemos comerle y recibirle en nuestra alma. Jesús instituyó este sacramento en la Última Cena con los doce apóstoles. Este tiene un plus: perdona los pecados veniales y nos preserva de los mortales para el futuro. Es el mismísimo Jesús el que tenemos dentro de nosotros.




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